¿Alguna vez han sentido placer en el silencio? Muchas veces lo es, como en aquellos momentos en los que todo era silencio. Lo lamentable fue que volvió a los tres días. No entendía por qué se hacía más fuerte si la voz que lo emitía estaba silenciada.
Seguramente se han de preguntar de qué estoy hablando. Bien, yo tenía meses sin poder escribir una sola letra. Después de atender llamadas estúpidas en el trabajo de gente que necesita soluciones para su sistema de cable, llegaba a mi casa a tratar de escribir algo, lo que fuera, aunque sean los acontecimientos del día que eran escasos y repetitivos; pero justo en el momento en el que me disponía a realizar mi propósito, ocurría el ruido: un par de zapatos azotando el suelo, unas llaves que se introducían en la perilla de la puerta, el rechinar de las bisagras ¡Pum! Su voz quejándose por toda la casa de lo mal que la pasaba en su trabajo, su odio por la vida, los días, la manera en que vivíamos, todo. Mi padre se la pasaba hablando con ese tono rasposo que lo caracterizaba. A pesar de mis intentos por querer continuar escribiendo me era imposible, su voz me molestaba. Pensaba en en destruir todo, quemar la casa, quebrar la computadora, lanzarme de un puente, lo que fuera. Pero no hacía nada, sólo respondía -Sí, mi amor- no tenía otra cosa que decirle.
Llegaba la hora de dormir y aún escuchaba su voz. Despertaba por la madrugada sintiendo que me gritaba, pero cuando iba a su habitación me encontraba con que él dormía, entonces yo aprovechaba que su voz estaba ausente. Quería escribir algo, así que de manera consciente o inconsciente sólo podía escribir muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte. Llenaba un par de páginas con esta palabra hasta que me vencía el sueño. Así pasaban los días y las noches: nada que escribir, su voz y la palabra muerte
Un día no pude más. Él había llegado de mal humor, los trastes estaban sucios, me reclamó por no haberlos limpiado. Apagué la computadora. Me dirigí hacia él y sonreí. Comencé a lavar. Mientras lo hacía, él, como siempre, no se callaba, mientras que yo pensaba en la palabra muerte. Cuando terminé de lavar uno de los cuchillos me le acerqué y lo tomé del cabello. Soltó un grito que me alteró por completo, el cual produjo que de manera instantánea le encajara el cuchillo en el pecho. Parecía que gritaba con más fuerza, que su voz me retumbaba en la cabeza, así que le abrí la boca y le corté la lengua.
Después de un momento su voz se había esfumado, todo era silencio.
Un hermoso silencio.
Inmediatamente me sentí tentado a escribir. Era magnífico, las palabras fluían, las situaciones, los personajes, todo. Falté al trabajo por estar escribiendo como nunca lo había hecho. Sin embargo al tercer día, la voz volvió.
¿Cómo sería posible si él estaba muerto? Al preguntarme esto me di cuenta del olor extraño que emiten los cuerpos cuando están sin vida. Me había olvidado de deshacerme de su cadáver.
Ocurrió algo extraño, a medida que me acercaba a él su voz se iba intensificando, no podía callarlo; pensé en ignorar el sonido, pero cada vez era más intenso. Salí a la calle para alejarme de la voz, sin embargo esta no me dejaba en paz. Por más que me alejara o me acercara ese sonido rasposo perforaba mi cerebro. No sabía qué hacer.
Hasta que me vi frente a la estación de policía. La voz era menos intensa. Entré, nadie me prestó atención, aunque yo sentía las miradas de todos. Me senté y la voz ya no estaba. Sentí alivio. Un oficial se me acercó para preguntarme si me encontraba bien, cuando le respondí que sí, la voz volvió más intensa que antes. Lancé un grito que estremeció la estación de policía. -¡Basta, basta!- Me tiré al suelo, trataron de ayudarme, pero era imposible, la voz continuaba -¡Lo maté, lo maté!- gritaba con desesperación. Nadie entendía mis palabras, hasta que llegué a casa con la policía para mostrarles el cadáver y confesé que lo había matado.
En ese momento, el silencio, volvió.
Este es un cuento que escribí para un concurso de literatura de Horror y Terror. Le he hecho unas modificaciones y mi inspiración para escribirlo fue «El corazón delator», de Edgar Allan Poe, uno de mis escritores favoritos de este género. Espero te guste
