No dejaba de mirarme e imitarme. Si yo me movía él también lo hacía, si giraba la cabeza él giraba la suya. Era idéntico a mí, casi podría asegurar que aquel que me miraba era yo, el mismo rostro, el mismo cuerpo, la misma ropa. Sólo había algo que no teníamos en común: los labios de él estaban cosidos.
Cuando yo hablaba él sufría, todo en su figura era angustia.
Al conversar con alguien recordaba a aquel que se parecía a mí y que no era yo; lo recordaba lleno de pánico por cada palabra que pronunciaba. Así que una noche decidí hacer lo mismo que él. Tomé aguja e hilo y cosí mis labios.
Ya no hablaba, como él.
Nos volvimos felices, mirándonos a través del espejo entre la ausencia de palabras.
Este es un cuento que escribí para un concurso de literatura de Horror y Terror. Le he hecho unas modificaciones y mi inspiración para escribirlo fue imaginar que dentro de un espejo hay otro mundo. Espero te guste
