Es un hecho de los dos:
le mentimos al sol diciendo que ya no nos acompañamos más.
Pero la noche no es ciega,
conoce la verdad de nuestros cuerpos desnudos,
nuestras almas que se buscan y
se hablan en silencio;
nuestros labios que suspiran por un nuevo roce,
un nuevo amanecer.
Nos negamos cuando a cada minuto nos pensamos,
a cada instante,
en cada acto queremos encontrarnos.
Antes no era el momento,
tal vez la vergüenza,
la inmadurez, quizá.
Antes, cuando la distancia no estaba presente.
Seguimos pensando erróneamente
que no nos necesitamos
cuando el sabor a tierra mojada nos llena las pupilas
y el viento fresco acaricia nuestra piel.
Sabemos amor,
que somos insoportables al estar alejados,
que le mentimos al viento
cuando más deseamos calor.
Tratamos de correr en dirección contraria
en otros brazos (llenos de ausencia).
¿Cómo es que sabiendo que nuestros ojos,
aun estando cerrados,
observa nuestras manos acariciándose
no nos llamamos?
¿Cómo es que reprimimos este deseo a tan corta distancia
si sabemos que podemos estar juntos?
¿Necesitamos otro momento?
¿Otro tiempo?
¿Otra vida?
¿Diferentes cuerpos?
¿O quedarnos con la tristeza de saber que Tú y Yo somos el uno para el otro
pero el ego y el interés se interpone a nuestro verdadero deseo?
Me apasiona saber que estás viva y que te puedo amar,
que nadas en mi pensamiento como una sirena que lleva al mar,
al océano de esperanza (en vida real) en el cual puedo nadar.
Puede que nunca te alcance y me ahogue,
sin embargo puedo llegar.
¿Y si llego y te alcanzo?
(Palabras para entender la ausencia)
