Chico de portada

A Martha le gustaba asistir a la revistería local cada semana. El tiempo se le iba hojeando y decidiendo que revista seleccionar; a ella le gustaban las de fitness y físico culturismo, no porque ella practicara algún deporte o asistiera al gimnasio con regularidad, no, ella lo hacía por los chicos de la portada.

Una vez realizada la compra llegaba a su casa para hojear la revista con detenimiento, leía uno que otro artículo y listo, venía lo interesante: recortaba al chico de portada. Ella sonreía e imaginaba que un día podía conocerlos, salir a un restaurante elegante, tomar vino, tocarse las manos, besarse y pasarla lindo. Al terminar de hacer los recortes se dirigía a su recamara, se colocaba su mejor ropa y se tomaba algunas fotografías, las cuales después imprimía y las guardaba en un álbum con su chico de portada en turno. Martha sentía que era novia de ellos, pero al poco tiempo todo se derrumbaba, sabía que era imposible pasear junto a ellos. Su soledad volvía y lloraba frente a un espejo que le mostraba una realidad que no aceptaba.

Una tarde, Martha se encontraba en la revistería absorta por un portada diferente a las demás, una sin chico, solo una silueta punteada. Ella leyó en la portada «¡Este puedes ser tú¡», estaban buscando a un chico real de portada, uno a su alcance, lejos de los modelos o estrellas de cine que siempre aparecían, y fue ahí que ella vislumbró una oportunidad.

Treinta días y treinta noches fueron las que tuvo que soportar Martha sin poder conciliar el sueño debido a sus ansias por conocer al nuevo chico de portada hasta que el día tan ansiado llegó. Ella no lo podía creer, tenía la revista en sus manos, la que tanto desvelos le provocó era suya. Sin embargo, al ver la portada se sorprendió, la persona que estaba en la portada era… él.

(Escritos de mis diarios, 2016)

Deja un comentario