Camino al más allá

La muerte no llegaba al pueblo Eternidad, la gente nacía pero no moría por mas que lo intentaran; no importaban los disparos, cuchillos o arrojarse por una pendiente. Los habitantes de Eternidad estaban destinados a vivir por siempre, cosa que no les parecía agradable porque la comida escaseaba y por las calles había más gente que tierra. Era una aglomeración humana.

Una de las propuestas para reducir la sobrepoblación fue cortarse el pene o esterilizar a hombres y mujeres, sin embargo esto no dió resultados debido a que no podían morir pero sí sentían dolor, y los hombres no deseaban sufrir la pérdida de su miembro. Algunas personas que accedieron a realizarse la esterilización tuvieron reacciones secundarias como deformidades en su cuerpo, por lo que las demás se negaron a este proceso.

La primera propuesta fue un fracaso y la segunda no fue la excepción. Se implementó una fuerte campaña por evitar las relaciones sexuales; esto, aunque no parezca, era una medida extrema, aún más que la anterior, debido a que el pueblo de Eternidad se caracterizaba por ser hipersexual. El sexo era imprescindible para ellos. Por tal motivo, esta campaña tampoco tuvo éxito.

Todos los intentos por frenar la sobrepoblación resultaron ser puros fracasos, la muerte no aparecía y las cosas empeoraban.

Las personas en Eternidad eran mu apegadas a sus tierras, por lo que no acostumbraban a salir de los límites de su territorio y desconocían los otros pueblos; no tenían idea de la existencia de Mortalidad, un lugar donde sus habitantes morían jóvenes, por más que quisieran escapar, o huir, la muerte los alcanzaba.

Una tarde un desconocido entró al pueblo de Eternidad, un habitante de Mortalidad que con miedo escapaba de la muerte. En Eternidad estaban desconcertados por la aparición del nuevo inquilino, ya que a pesar de ser muchos, se distinguían de otros por su estatura de dos metros y medio; en cambio el refugiado medía un metro con sesenta centímetros. No creían que fuera humano, pero el joven de Mortalidad les explicó por qué estaba ahí y comenzó a llorar, pero su llanto cesó al ver cómo los rostros de los habitantes de Eternidad se llenaban de alegría. El extraño no se explicaba por qué estaban felices de su desgracia, sin embargo ellos le pidieron que los condujera hacia Mortalidad, cosa que él no quería hacer por temor a toparse con la muerte. Aún así el pueblo entero le insistió y a cambio le ofrecieron vivir en Eternidad, lugar donde nadie moría. De esta manera el joven accedió.

A la mañana siguiente salieron con el inquilino al pueblo de Mortalidad. Durante el trayecto los pocos que fueron en representación de Eternidad comenzaron a sentirse muy cansados, la respiración era agitada, la piel se les arrugaba y entre más se acercaban más problemas y dolores sentían en su cuerpo, incluso algunos fallecieron. Al ver esto, algunos decidieron regresar, no soportaron la sensación de la muerte.

Al volver y contar lo ocurrido despertaron la curiosidad de muchos que se aventuraron a recorrer el camino que ya no tenía retorno. Otros tantos sentían un miedo terrible, no se imaginaban como después de años de vida podían dejar de existir. Las ausencias de quienes se adentraron al más allá era notoria, había un hueco en el pueblo cada que alguien salía para no regresar.

Después de conocer el camino hacia la muerte se estableció que era una elección individual abandonar la vida, por este motivo se le llamó a la ruta que los llevaba: Camino al más allá. En cambio los habitantes de Mortalidad no podían elegir su muerte, ellos morían de manera cruel y solo uno que otro lograba escapar, llegando de vez en cuando a la Eternidad.

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